miércoles, 16 de junio de 2010

Fallece el P. Marcelino Cabeza, sacerdote redentorista (hermano de nuestro conocido y querido P.Avelino).

Fallecido el pasado 11 de junio en México, el P. Marcelino era hermano del P. Avelino Cabeza, también redentorista.


El P. Marcelino Cabeza Martínez CSsR murió esta madrugada del 11 de junio del 2010, en su habitación, en nuestra comunidad redentorista del Coyol, Nuestra Señora de Juquila, en Veracruz, Veracruz. Su cuerpo será velado el día de hoy y mañana. El sábado 12 de junio celebraremos con presencia del Obispo Luis Felipe Gallardo SDB su solemne funeral a las 12:00 del medio día, en la iglesia de la Pastora, primera residencia de los redentoristas en México y comunidad especialmente entrañable para el P. Marcelino.

Murió de un paro cardiaco mientras dormía, aproximadamente a las 5:00 a.m. Los cohermanos de la comunidad con la presencia de su médico personal de muchos años y entrañable amigo, el Dr. Isidoro Hoyos, así lo constataron apenas dos horas después. Además del peso de los años, marcados por las correrías misioneras y el ministerio ordinario en las comunidades donde sirvió, el P. Marcelino padeció en los últimos meses de su vida complicaciones de diabetes, hipertensión y arritmia. Este cuadro le ocasionaba molestias particu-larmente en su pierna y su pie izquierdo.

El P. Marcelino nació el 14 de julio de 1927 en Quintana del Castillo, León, España. Este fue también el pueblo de su madre. Fue el segun-do de siete hermanos: Angel, Marcelino, Manuel, Vicente, Avelino (misionero redentorista en España, actualmente vicesuperior y vicario parroquial en el Santísimo Redentor de Madrid), Julio y Ana María. Fueron sus padres la Sra. Antolina Martínez Blanco y el Sr. Julián Cabeza Redondo. Como muchas familias de la Provincia de León, España, la familia del P. Marcelino fue terreno fértil de espiritualidad, de piedad religiosa y de rica semilla para la Vida consagrada y, en especial para nuestra Congregación. Además de su hermano Avelino, también sacerdote redentorista, nuestra familia misionera en España fue bendecida con dos de sus tíos por línea paterna: el P. Constantino Cabeza y el Hno. Andrés Avelino Cabeza, y un primo también de su padre, el Hno. Leandro Cabeza. No faltaron las religiosas en su seno familiar, pues por la misma línea paterna Dios eligió a tres mujeres a la Vida con-sagrada.

Teniendo uno o dos años de edad, los papás del P. Marcelino se trasladaron a Sueros de Cepeda, a unos tres kilómetros de su pueblo natal. Fue aquí donde pasó propiamente su infancia. A los once años, y siguiendo la costumbre normal de su época para quienes sentían el llamado de Dios a ser misioneros, ingresó al seminario menor de Nuestra Señora del Espino el 24 octubre 1938. En el seminario, como era muy pequeño de estatura, sus compañeros le pusieron como apodo “zaqueo”, en alusión el personaje del evangelio que para ver a Jesús tuvo que subirse a un árbol. Hizo su primera profesión religiosa el 24 de agosto de 1945, en Nava del Rey. Fue ordenado sacerdote en Astorga, el 11 de febrero de 1951. Ese mismo año vino a México.

Fue profesor del Seminario Menor en San Luis Potosí, de 1951 a1959. En esta comunidad trabajó también como promotor de grupos de adolescentes, que se reunían bajo el patrocinio de San Clemente Ma. Hofbauer. De 1968 a 1969 estudió en Madrid un curso en el Instituto de Pastoral de la Universidad de Salamanca. Muchos años de su vida los dedicó a predicar misiones, por todos los Estados de la República. De hecho fue director de las misiones de la Provincia. Promovió e impulso en nuestra Provincia la “misión renovada” con las directrices del Concilio Vaticano II. Formó parte del equipo coordinador de las misiones intercongregacionales promovidas por la CIRM (Conferencia Intercongregacional de Religiosos de México). En 1999, en una carta oficial dirigida al P. Reynaldo Servín, entonces Provin-cial, pidió ser dispensado de la participación en la misiones. Escribió entonces en su carta: “siento que ya no puedo ir a misiones y hacer-me cargo yo sólo de un centro misional. Hay momentos que me siento cansado y con dificultad hasta para hablar”.

Fue Director de la Revista Perpetuo Socorro durante los años 1959-1962 y 1970-1993. Además de San Luis Potosí, residió en las comunidades de México-Santísimo Redentor, Puebla, la Santísima de México, y Veracruz. Durante varios trienios desempeñó el servicio de Superior Local. Publicó algunos libros: “la Inmaculada en la poesía española y mexicana” (1954), “El anuncio del Evangelio” (1979), “Misión y pastoral nueva” (1969), “La familia, Iglesia doméstica” (1992), “Encuentro con Cristo” (1992) y “Treinta años de misiones en México” (1992).

Los últimos años del P. Marcelino en Veracruz transcurrieron como un proceso declinante de limitación física y pastoral, causado sin duda por el paso de los años. Vivió este tiempo fuertemente vinculado a la comunidad de la Pastora, donde celebraba y confesaba cada día, y degustaba el café. Volvía al Coyol con su periódico el País, veía la televisión, se comunicaba con familiares y amigos a través del correo electrónico, buscaba noticias de interés eclesial, estaba siempre listo para la oración comunitaria y para las comidas. Esta fue su rutina diaria. El martes 8 de junio, por la mañana, se dirigió a la Pastora como de costumbre pero ya no pudo celebrar la Eucaristía a causa de las molestias en su pierna y su pie izquierdo. Este día y el miércoles, con la ayuda de un medicamento que alivió su dolor, pudo realizar en casa todas sus demás actividades. El jueves 10 de junio no tuvo ánimo para realizar sus actividades de costumbre. Se sentía cansado. Pasando el tiempo entre la sala y la habitación le llegó la noche y se retiró a dormir. Fue así que mientras dormía para amanecer el viernes 11, Dios lo llamó junto a Él para descansar por siempre. Quiso descansar y quedarse en Veracruz y Dios se lo concedió. Le gustó mucho este lugar y lo amó de verdad. Su hermano Avelino, misionero redentorista que vive en Madrid, escribió un mail luego de ser enterado de la muerte de su hermano Marcelino. En él dice: “sé que le vais a despedir como uno más de la familia, mexicano de corazón. Cuando una abuela le dijo en el pueblo de Sueros, hace 6 años, ¿por qué no se queda ya en España?, él, en esa tarde que era la misa del Corpus, le contestó: "ni modo". Yo moriré en mi México lindo y querido. Yo para eso fui y allí espero morir”.

El P. Marcelino fue un inquieto y dedicado misionero; de corazón entusiasta, intrépido, optimista y alegre. Hombre de gran fe y de espíritu religioso. Identificado plenamente con la Congregación, en la que gastó prácticamente toda su vida. De diálogo ameno y vivaz, gozó de una memoria extraordinaria para recordar personas, acontecimientos, lugares y caminos. Gran promotor de la Virgen del Perpetuo Socorro por todo el país. Su interés circuló siempre en cuestiones relativas a la misión y a la evangelización. Fue un gran misionero de la palabra hablada y escrita. Con sentido de Iglesia, supo tratar con un sinnúmero de sacerdotes, religiosos, religiosas, párrocos y obispos, precisamente para hacer posible la realización de las misiones de nuestra Congregación en México. Con su estilo práctico pastoral y con la teología espiritual y misionera propia de su tiempo y de su personalidad, el P. Marcelino fue ciertamente un apasionado de la misión. En este sentido fue un auténtico y valioso redentorista, continuador de San Alfonso.

Dios lo llamó a descansar en la gran solemnidad del Sagrado Cora-zón de Jesús, en la clausura del año sacerdotal. El constituye, junto con la vida y el trabajo misionero de todos los redentoristas de México y del mundo, una ofrenda especial de nuestra Congregación a Cristo Redentor, cuyo corazón amoroso inspiró a nuestro Padre San Alfonso y al Santo Cura de Ars, María, nuestro Perpetuo Socorro, ahora lo ama de un modo nuevo y más pleno. La sonrisa y el ánimo del P. Marcelino son una bendición para nuestra Provincia y para todos los que le trataron. El, misionero vencedor junto a San Alfonso y todos los Santos Redentoristas, goza ya de la promesa hecha a nuestros congregados fieles. El intercede ahora por nosotros, religiosos y laicos continuadores del anuncio redentor en este país.

Nuestro hermano Marcelino descanse en paz. Vivat in aeternum.

Arturo Martínez Soto, CSsR
Superior Provincial de México

1 comentario:

oleos de aurora cabeza dijo...

muchas gracias por el recordatorio y la semblanza de mi querido tío Marcelino, al que únicamente veiamos cuando venía a España y visitaba a toda su familia.
Siempre fué una persona comunicativa y cariñosa no solo con los suyos, sino también con el resto de las personas.
un saludo
Aurora Cabeza