miércoles, 19 de noviembre de 2008

CARLOS DESDE EL BRONX... CRONICA DE DOS MESES...

Hace ya dos meses que dejé esa querida comunidad redentorista de San Gerardo para incorporarme a esta otra de la Immaculate Conception en el barrio del Bronx (New York). Como he tenido oportunidad de comentaros a algunos de vosotros, la primera impresión en mi nuevo destino era que iba a pasarlo mal: nueva cultura, nueva comunidad, nuevo idioma… y además solo. Pero Dios sorprende siempre y sólo puedo recononcer que estos dos meses aquí han sido felices. ¿Por qué?
En primer lugar, esta comunidad redentorista ha sido un gran testimonio para mí. Me han recibido con todo el cariño y me han hecho sentir desde el comienzo perfectamente acogido. Además, mi responsable aquí –Rev. Frank Skelly, superior y párroco– me ha ofrecido un montón de cosas en las que colaborar a nivel pastoral, así que estoy teniendo una oportunidad preciosa de conocer de primera mano la realidad de la parroquia.
Ahí están los carismáticos, a los que acompaño en su “círculo de oración” o en su apostolado los viernes por las casas. Cierto que son especiales, pero tienen un espíritu misionero increíble y una experiencia de oración grande.
Otra cosa es el grupo guadalupano (mexicanos), al que acompaño por las casas: trasladan una gran imagen de “La Lupita” (Virgen de Guadalupe) de casa en casa, rezando el rosario, leyendo el evangelio y compartiendo comida típica con sus compatriotas. Increíble el día en que, en una familia mexicana, estaban varios mareros (pandilleros), llenos de tatuajes, rezando el rosario y compartiendo con los demás. Uno de ellos confesó ser “de la calle”, pero seguidor de Jesucristo. Sí, otro mundo. En el Bronx el número de pandillas es grande: a menudo se ven las zapatillas colgadas de un cable, que marcan terreno.
Los jueves voy a otra parroquia –ya en Manhattan– para atender a indigentes que van allá a recibir comida. Suelen llegar unos cien y la realidad es triste… ¡cuánta gente necesitada en esta gran ciudad!
Además de colaborar con RICA (Ritual de Iniciación Cristiana para Adultos; en inglés RCIA) y con la catequesis de padres, me toca predicar de vez en cuando: si no es en la misa diaria (bilingüe), es en cualquier casa durante alguno de los otros apostolados.
Por último, visito enfermos, participo en todo tipo de reuniones, retiros, incluso ¡desfiles! Incluso una vez fui a la cárcel con otro grupo para visitar a jóvenes presos. Impresionante.
Otra cosa son las clases de inglés en Manhattan, aunque ahora aprovecho más para hacer intercambios con gente americana: así hablo en inglés y enseño español. El aprendizaje del inglés, aunque parezca mentira, es lento y muy complicado para mí, porque toda la vida aquí transcurre en español. Pero la contraparte es que me siento orgulloso de escuchar una y otra vez que los redentoristas en New York son conocidos por identificarse completamente con la gente hispana, los más abandonados aquí.
Pero quizá lo más destacado en este tiempo haya sido la misión. Sí, una misión en el barrio del Bronx, en una parroquia (no redentorista) llamada Christ the King (Cristo Rey). El equipo misionero lo componíamos cuatro hermanas misioneras del Perpetuo Socorro (simpáticas y de un gran espíritu misionero), dos sacerdotes redentoristas y yo. Han sido tres semanas de misión: la primera, únicamente de visitas; la segunda, de asambleas; y la tercera, de predicaciones. Aunque fue dura, la primera semana de visitas por las casas fue fascinante. Formamos grupos de visitas para ser eficaces, junto con gente de la parroquia que nos acompañaba. Son miles las puertas del barrio a las que hemos llamado. Cierto que al principio me daba vergüenza este método, pero después la vergüenza desaparece y queda un espíritu misionero fortalecido. La oportunidad de entrar en los portales, conocer las casas y la verdadera realidad que vive la gente es única. Y, claro, mucha miseria humana y espiritual. A nivel religioso, uno se encuentra de todo: baptistas, metodistas, pentecostales, testigos de Jehová, musulmanes, incluso ¡un par de fundadores de iglesias! (os mando una foto de un ejemplo de iglesia ‘montada’ en unos pocos metros cuadrados: ¡hay cientos de ésas en el Bronx!). Pero sobre todo, mucha gente sencilla y amable, aunque también otra tanta que no nos habría la puerta y nos rechazaba. Al final, es poca la gente que nos recibe con cariño y nos hace pasar a su casa con una sonrisa en la boca: “¡Son católicos!” –exclaman. Aquí se ve con claridad cómo los católicos tenemos que retomar la vida misionera, nuestra presencia en medio de la vida de la gente. Bendito sea Dios. Otra cosa fue la semana de las asambleas. Fue genial: ¡con qué alegría y profundidad comparte esta gente la fe! Por último, las predicaciones fueron Buena Noticia para todos los que acudieron al templo… ¡y no veáis con qué alegría cantan y oran!
Y éste es un recorrido rápido de mis dos meses en el Bronx. Si tuviera que destacar algo en especial, me quedaría con dos cosas. Por un lado, la fe sencilla, natural, pero profundísima de esta gente: aquí se ve claro que ellos son los más preparados para entender el Evangelio (Mt 11, 25: “Yo te doy gracias, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes…”). Por otra parte, el espíritu misionero de los católicos aquí nos da mil vueltas a cualquiera de nosotros: ¿no nos habremos quedado un poco adormilados allá?
Me despido ya. Os llevo en el corazón. No olvidéis recordarme en vuestra oración de vez en cuando: sabemos bien que es Él –y sólo Él– quien nos sostiene.
Un abrazo grande, Carlos S. de la Cruz, CSsR

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Charles!!!!!! jajaja joo, me alegro muxo de que te hayan acogido bien!! pero no tardes en volveeeeerr!!! jajajaja un besazo!!

Laura!!

Anónimo dijo...

Ey Carlitos qe tal x United States
?? Spero ke te vaya mu bn. A ver cuando te vienes pa ka ke te estamos exando de menos (pero solo a veces jejej) weno pasatelo mu bn y traeme algun recuerdo jejeje. Asta mas ver.

Don Oscar Valera jejeje

Anónimo dijo...

Carlos, muchas gracias por tu testimonio. La verdad es que debe ser otro mundo por lo que nos cuentas. ¡Gracias por compartirlo!